Ateneo Republicano

El voto de la Mujer

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(Artículo de Laura Josefa Ariño, publicado originalmente el 16 de Octubre de 1931, en el periódico tudelano El Eco del Distrito con motivo de la polémica surgida a raíz de conseguir las mujeres por primera vez el derecho a voto )

Desde hace unos días se han emitido las más diversas opiniones sobre el derecho de sufragio universal concedido a la mujer en una de las últimas sesiones de las Cortes. Mientras unos dicen que ya era hora de la reivindicación de la mujer, otros exponen sus cuitas afirmando que esta concesión pone en grave peligro a la naciente República española. Sobre todo dos mujeres se han distinguido por sus distintas opiniones, son estas las dos primeras representantes femeninas en las Cortes Constituyentes: Victoria Kent y Clara Campoamor, pertenecientes a los partidos Radical Socialista y Radical respectivamente. Mientras la primera se mostraba completamente contraria a que se hiciera esta concesión, la señorita Campoamor ostentaba el parecer contrario. Ni que decir tiene que ambas tenían sus partidarios.

Sin embargo quien sabe si estaría más acertada la actual directora de Prisiones en sus afirmaciones. Mi opinión es francamente favorable a ella. No es que yo crea como dicen algunos que la mujer española, está desprovista de la cultura necesaria para emitir su voto, cuantos hombres hay que tienen este derecho y que sin embargo no se destacan precisamente por su instrucción. Pero es que este problema en cuanto a la mujer adquiere caracteres más graves; no, repito, por falta de cultura, sino por el colorido de esta misma cultura. Y no creo que haya que ser un lince para ver que la mujer española ha sido educada, salvo honrosísimas excepciones, en un ambiente de odio hacia todas aquellas corrientes que representasen avance, progreso, rodeando a estas de cuantos prejuicios pueden llevar el temor al espíritu femenino predominante en la clase media española.

Sin embargo preciso es reconocer que la decoración ha cambiado en gran parte, en lo que va de siglo. Hoy la mujer invade las aulas universitarias, lucha para obtener los mismos puestos que el hombre, y para esto necesita desde luego una instrucción y una cultura análoga a la de aquel, de donde se deduce que poseedora de los mismos, recursos que él, formada en el mismo ambiente, puede desde luego tener las mismas ideas, sin por esto tener que prescindir de sus encantos femeninos.

Eso sí, la mujer se debe dar cuenta de las responsabilidad que ha adquirido y de las consecuencias que para su Patria puede traer un fanatismo tonto o el respeto más tonto aún a tradiciones pasadas, que no dudo serían muy respetables en otros tiempos, pero que en estos desentonan completamente.

Libre de prejuicios sociales, consciente de su deber no ya como mujer, sino como ciudadano, puede ella se el más firme baluarte del nuevo régimen gubernamental español.

Laura J. Ariño

La autora

Laura Josefa Ariño fue Catedrática de latín y francés en el Instituto de Tudela y esposa de Maro Castilla Burgaleta, director de “El Eco del Distrito”, asesinado tras el golpe de estado fascista en 1936.

El contexto

Quince días antes de la publicación de este artículo (1 de Octubre de 1931) las Cortes Republicanas, con solo tres mujeres en sus escaños, aprobaron el derecho a voto de las mujeres.

No es un reconocimiento muy “madrugador” en el contexto europeo, donde Finlandia conquistó este derecho en 1906. Tras la 1ª Guerra Mundial acceden a él: Noruega (1913), Dinamarca (1915) o Alemania (1918). Más esclarecedor resulta conocer que este derecho no fue reconocido en Francia hasta 1944 o 1946 en el caso de Italia. Lo verdaderamente innovador en el caso español es que la Constitución de 1812 ya reconocía el derecho de las mujeres a ser elegidas, aunque no el derecho a voto.

La izquierda española fue bastante reacia a este pronunciamiento y tuvo que ser Clara Campoamor (Partido Radical) quien liderara esta justa lucha, en contraposición a Victoria Kent  (Partido Radical Socialista).

Los argumentos:

En las Cortes la mayoría progresista apoyaba este derecho, pero se dividía por la oportunidad de ponerlo en marcha en ese momento, ya que juzgaban a las mujeres demasiado influenciadas “por la iglesia y el confesionario” y por ello un peligro para la República. Un argumento al que se adhiere, la autora tudelana. En este sentido y al calor del debate, Victoria Kent afirmó: «No es cuestión de capacidad; es cuestión de oportunidad para la República».

En la otra parte, Clara Campoamor no admite este argumento y, más acertada, advirtió a los diputados : «Tenéis el derecho que os ha dado la ley, la ley que hicisteis vosotros, pero no tenéis el derecho natural fundamental, que se basa en el respeto a todo ser humano».

El resultado:

Clara Campoamor venció en el debate y este derecho fundamental fue aprobado el 1 de Octubre de 1931, por 161 votos a favor y 121 en contra.

En 1933 fueron por primera vez convocadas 6.800.000 mujeres para elegir a sus representantes en Cortes Generales. La fatídica y reaccionaria CEDA salió vencedora y Clara Campoamor perdió su escaño.

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