Ateneo Republicano

Rosario la Dinamitera

Rosario dinamitera

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Rosario Sánchez Mora, conocida como “la dinamitera”, fue miliciana y defendió la Republica hasta su último aliento. Miguel Hernández, a quien conoció en el frente de guerra, le dedicó una poesía que popularizó su figura y su gesta.

Nacida en un pueblecito de la Comunidad de Madrid, hija de un humilde artesano de ideas republicanas, con 16 años se marcha a Madrid con la ilusión de aprender costura. Allí le sorprendería la guerra. Con 17 años y sin ninguna preparación militar se alista en el 5º Regimiento, donde fue destinada a la sección de dinamiteros.

La Guerra

Rosario dinamitera, retrato

“Yo luché en un época en la que las mujeres no luchaban. No salían de sus casas y yo tuve esa oportunidad. Salí con los comunistas y luché con ellos, jamás tuve queja de ningún camarada y sí, perdí la mano pero no me importó, iba dispuesta a perder la vida”.

La noche anterior había llovido, por eso la uña de su dedo pulgar no sintió la quemadura que indicaba el momento de lanzarlo. Pero la mecha se quemaba por dentro  e hizo estallar el cartucho de dinamita. La mano derecha de Rosario voló como una estrella.

Tras perder la mano fue operada de urgencia en el hospital de sangre de la Cruz Roja en “La Cabrera”, donde consiguen salvarle la vida. Hasta 3 veces la tuvieron que evacuar huyendo del avance enemigo. La caída de Madrid parecía inminente, los políticos de la República huían a Valencia pero Rosario se incorporó de nuevo a la lucha.

Con una sola mano, fue enviada al Comité de Agitación y Propaganda de la 10ª Brigada mixta, la de “El Campesino”; más tarde pasó a encargarse de la centralita de teléfonos. Allí conoció a los poetas Antonio Aparicio, Miguel Hernández y Vicente Aleixandre, pero sobre todo allí conoció a Francisco Burcet Lucini.

Con un año de guerra y 6 meses de noviazgo, antes de llegar el primer beso, se incorporó de nuevo al frente, esta vez como cartera de la 46 División. Pudo sortear los tiroteos en su labor de enlace entre el frente y la retaguardia y poco después se replegó en su puesto, forzada por los franquistas.

Aprovechó para casarse, en dos meses embarazarse y en 3 meses más separarse de Francisco, que se incorporó de nuevo al frente. Al poco tiempo lo vio regresar derrotado y consiguieron permanecer juntos otras dos semanas, para separarse de nuevo; luego su único nexo de unión fueron las cartas que llegaban del frente.

El 22 de Julio de 1938 nació Elena, su hija. En Noviembre, las cartas de Francisco dejaron de llegar.

Milicianas en Madrid

La posguerra

En Enero de 1939, Rosario perdió la guerra y junto con su padre, intentó escapar por Alicante. No lo consiguieron. Su padre fue fusilado, ella liberada y poco después, de nuevo detenida. Treinta años fue la condena.

Cárceles de Villarejo, Getafe, Las Ventas, Durango, Orúe, y Saturrarán. En 1942 fue liberada, las cárceles estaban demasiado llenas, no cabían las presas. El mismo día que pisó las calles murió su amigo Miguel Hernández, no sin antes dedicarle un poema: Rosario Dinamitera.

Se refugió en casa de una compañera de prisión, pero no podía olvidar a su hija Elena, así que marcho a Madrid, pese a tenerlo expresamente prohibido, y recuperó a su hija, que acababa de cumplir 4 años. Más tarde también recuperó a su madre, pero a Francisco no.

Paco vivía en Asturias, Franco había anulado los matrimonios civiles de la República y Paco, casado de nuevo, tenía dos hijos. Rosario era a todos los efectos una madre soltera. Fue a buscar al padre de su hija, pero no lo encontró, se había mudado a Catalunya a buscar trabajo.

De vuelta en Madrid, rehizo su vida con un tío de su “ilegítimo” esposo y tuvo otra hija; al cabo de dos años se separaron y Rosario comenzó a ganarse la vida vendiendo tabaco de contrabando en la plaza Cibeles. Hasta allí fue Paco a buscarla, 15 años después de su separación.

70 años más tarde Rosario escribe sus memorias: “Mi lucha –dice –mereció la pena”. Rosario murió en Madrid el 17 de Abril de 2008, “digna como una bandera / de triunfos y resplandores…”

El poema

 Rosario, dinamitera,
sobre tu mano bonita
celaba la dinamita
sus atributos de fiera.
Nadie al mirarla creyera
que había en su corazón
una desesperación
de cristales, de metralla
ansiosa de una batalla,
sedienta de una explosión.

Era tu mano derecha,
capaz de fundir leones,
la flor de las municiones
y el anhelo de la mecha.
Rosario, buena cosecha,
alta como un campanario,
sembrabas al adversario
de dinamita furiosa
y era tu mano una rosa
enfurecida, Rosario.

Buitrago ha sido testigo
de la condición de rayo
de las hazañas que callo
y de la mano que digo.
¡Bien conoció el enemigo
la mano de esta doncella,
que hoy no es mano porque de ella,
que ni un solo dedo agita,
se prendó la dinamita
y la convirtió en estrella!

Rosario, dinamitera,
puedes ser varón y eres
la nata de las mujeres
la espuma de la trinchera.

Para saber más

Habla Rosario

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