Ateneo Republicano

levantamiento de Riego

El pronunciamiento de Riego, 1 de enero de 1820

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El primer día de 1820, un grupo de militares españoles se alzó en armas para recordar al Borbón de turno que: “es la Nación legítimamente representada quien tiene solo el derecho de darse leyes a sí misma”. El conocido como pronunciamiento de Riego, alumbraría el Trienio Liberal y popularizó el Himno de Riego, identificado desde entonces con los ideales republicanos.

Los antecedentes

Rafael de Riego fue un asturiano de origen noble y escasos recursos, que ya destacó durante la Guerra de la Independencia, donde se enfrentó a la los franceses que le hicieron prisionero en 1808.

Durante 5 años permaneció prisionero, circunstancia en la que coincidió con otros liberales europeos y aprovechó para formarse en la ideología que le acompañaría toda su agitada vida.

De vuelta en casa y reincorporado al ejercito, en 1814 comprobó como Fernando VII, el rey felón, despreciando la voluntad popular expresada en la Constitución de 1812, instaura de nuevo el absolutismo y lanza una feroz represión contra toda idea liberal.

Comienza entonces un periodo de resistencia que haría coincidir en un mismo propósito a  militares, liberales y clases populares.

El levantamiento

A finales de 1819, un año que comenzó con el asesinato de 18 militares constitucionalistas, la monarquía reunió un ejército de 20.000 hombres con el objeto de reprimir las revoluciones independentistas en las colonias americanas. Coincidieron así oficiales liberales, soldados con pocas ganas de defender el imperio español y un nutrido grupo de civiles andaluces deseosos de poner fin a la tiranía absolutista. Entre vacilaciones, delaciones y detenciones, consiguieron poner de acuerdo a 3 cuerpos de ejército que, desde diferentes puntos de Andalucía, debían dirigirse a Cadiz.

A las 8 de la mañana del primer día de 1820, Riego se dirige a sus tropas: “España está viviendo a merced de un poder arbitrario y absoluto, ejercido sin el menor respeto a las leyes fundamentales de la nación […] La Constitución española, justa y liberal, ha sido elaborada en Cádiz entre sangre y sufrimiento. Mas el rey no la ha jurado y es necesario, para que España se salve, que el rey jure y respete esa Constitución de 1812”.

El éxito de levantamiento no fue inmediato. Los sublevados no lograron entrar en Cádiz, tropezando con la indiferencia popular y el desánimo de los soldados. Es entonces cuando Riego saca a relucir su verdadero carácter y situándose al frente de una columna, se lanza a recorrer los caminos proclamando la Constitución en cuantos pueblos hallaba a su paso.

El trienio Liberal

Durante tres meses de peregrinaje, Riego llegó a creerse solo y perdido, hasta que estando en un pueblecito extremeño, sopesando incluso su huida a Portugal, le llega la noticia de que la sublevación había estallado en Galicia. De La Coruña pasó a Zaragoza y todo Aragón, de ahí a Barcelona, Pamplona…

El 12 de Marzo se hacían públicas unas palabras de Fernando VII que pasarían a la historia como ejemplo de hipocresía: “Marchemos francamente, y yo el primero, por la senda constitucional”.

Del carácter del monarca poco cabía esperar. Durante los tres años que duró este primer experimento de monarquía constitucional, los borbones se dedicaron a conspirar contra la legalidad.

Haciendo alarde de un más que discutible “patriotismo”, el Borbón convenció a las potencias europeas para que el ejercito Francés, los Cien mil hijos de San Luís, invadiese España, ayudándole a recuperar el poder absoluto. Los liberales, Riego entre ellos, marchan a Cádiz para reorganizar la resistencia.

El 14 de Septiembre son derrotados en Jódar (Jaen). Malherido y traicionado, Riego es hecho prisionero sólo un día después. Se le traslada a Madrid, donde clama como puede por su vida. Humillado, es literalmente arrastrado por las calles de Madrid hasta la Plaza de la Cebada, donde será ahorcado y decapitado, entre el júbilo del público. “Vivan las caenas”

Riego humillado y arrastrado al cadalso

El himno de Riego

La popular melodía entonada en todo acto republicano tiene una paradójica historia, que demuestra que las cosas acaban siendo lo que la voluntad popular decide, antes que aquello para lo que fueron creadas,

Basada en el himno que cantaba la columna de Riego durante el levantamiento, es en realidad un himno liberal, una defensa de la Constitución de 1812, que eligió como modo de gobierno la Monarquía Constitucional. Ni Riego ni su himno, fueron nunca republicanos.

Aunque tod@s recordamos su melodía, se desconoce a ciencia cierta su autor o autores. Su letra, en cambio, obra de Evaristo Fernández de San Miguel, es poco conocida ya que la voluntad popular ha preferido la versión anticlerical: Si supieran los curas y frailes supieran… muy alejada en su espíritu de la original, pero bastante más divertida.

Fue el propio Fernando VII quien lo elevó a la categoría de himno oficial (1822) mediante un decreto que vio la luz, precisamente, el 14 de abril de 1822. Pero este mismo rey, y más tarde Isabel II, mandó prohibirlo al terminar el Trienio Liberal.

Si la I República lo utilizó como himno, fue de forma oficiosa y alternándolo con la Marcha Real, base del actual himno. Como casi todo, también el himno fue objeto de agrias disputas durante la II República. Pese a que se discute si fue proclamado de forma oficial, lo cierto es que fue utilizado como tal, desde el mismo día de la proclamación de la República y hasta la disolución del Gobierno legítimo en el exilio.

Franco, poco amigo de lo liberal, volvería a prohibirlo, reclamando como único oficial el himno que hoy conocemos y much@s identifican como franquista, aunque más justo sería tildarlo de monárquico y absolutista.

Este ir y venir de himnos ha provocado más de una situación embarazosa. Así, en 1945, el escuadrón aéreo de la División Azul, enviado a luchar junto a las tropas de Hitler, fue recibido en Alemania con el Himno de Riego, para sorpresa y  escándalo de los falangistas.

Un suceso parecido, ocurrido en Perú (1955), es relatado de forma jocosa por el propio Che Guevara en sus “Diarios de Motocicleta” y otro tanto ocurriría en la Eurocopa de 1968 o en la Copa Davis 2003.

Motivos más que suficientes para que republicanos y republicanas sigamos reivindicando como propio, el Himno de Riego.

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